• Alba, Emeraude, Marigold, Amorita y Moonbeam III se proclamaron vencedores de esta edición
  • La ciudad se ha transformado durante unos días en la capital mundial de la vela clásica donde 44 barcos han desplegado sus velas en un evento teñido de tradición
  • Más de 500 armadores y marinos de siete países de Europa y América han competido con el litoral barcelonés como telón de fondo, para deleite de sus visitantes
  • Historias tan pintorescas como la del Anne Bonny -el velero con menos eslora de toda la competición- o la entrada y salida del Moonbeam IV a golpe de gaita, han puesto un año más, la nota histórica, social y cultural a esta prueba deportiva

Barcelona,21 julio de 2015. Un año más la VIII regata Puig Vela Clàssica Barcelona ha convertido la ciudad catalana, entre el 15 y el 18 de julio, en el centro neurálgico de la vela clásica a nivel mundial. Tras siete exitosas ediciones, la octava regata se sigue afianzando tanto a nivel nacional como internacional, acogiendo a embarcaciones de siete países de Europa y América.
Más de 500 tripulantes de veleros históricos han participado en esta prueba deportiva, consolidándola como una de las competiciones de referencia en el calendario de regatas de barcos clásicos y de época. Una prueba incluida dentro del calendario oficial de la Real Federación Española de Vela (RFEV) y puntuable para el Campeonato de España de Barcos Clásicos y de Época.
Haber contado con estos barcos en Barcelona ha sido equiparable a recibir en la ciudad a una prueba del Gran Slam de la vela clásica. La élite mundial de este deporte ha estado congregada en el Real Club Náutico de Barcelona y, sus seguidores en todos los rincones del mundo, han concentrado su atención en Barcelona durante estos días de puro espíritu y tradición marinera.

Ola de calor y de emoción

La octava edición de la Regata Puig Vela Clàssica Barcelona ha vuelto a superar la cuarentena de participantes, confirmándose como la regata de Época y Clásicos con mayor participación de cuantas de disputan en aguas españolas. Este año la novedad era la división de la flota Clásicos en las dos categorías Clásicos 1 y Clásicos 2 -de acuerdo a sus prestaciones según el rating CIM- que se unían a las de Época Cangreja, Época Marconi y los espectaculares Big Boats.

44 han sido las embarcaciones que este año que no han querido perderse la gran cita organizada por el Real Club Náutico de Barcelona, cuya excelencia y buen trato a los participantes han calado hondo entre los habituales a este tipo de competiciones. Entre ellos, vencedores de pasadas ediciones como el Marigold, Manitou, Gipsy, Amorita, Moonbeam III, Moonbeam IV, Yanira, Alba y Argos, volvían con el desafío de inscribir su nombre de nuevo en al palmarés de la regata.

Aunque el viento térmico de Garbí no haya brillado como en otras ocasiones, la intensa ola de calor que afectaba al litoral catalán no pudo anularlo completamente. Destacable la labor del Comité de Regatas, que combinando paciencia y talento supo administrar los aplazamientos y los recorridos, para completar el calendario previsto de una prueba diaria y un total de tres mangas programadas. Así, el primer día, las flotas navegaron con 10 nudos de intensidad sobre un triángulo, de tres tramos y 7,7 millas para los Big Boats y Época, mientras los Clásicos recorrían cinco tramos y 10 millas; la segunda jornada fue la de viento más débil, cuando el Garbí inicial bajaba progresivamente de 8 a 5 nudos, complicando las 13,7 millas del recorrido costero; el viento térmico lució sus mejores galas en esta Puig Vela Clàssica Barcelona en la jornada final, soplando con 10-12 nudos de intensidad sobre un triángulo de 8,7 millas con tres tramos para las flotas Época y Big Boats, frente a las 11,1 millas en cinco tramos para los Clásicos.
Big Boats en modo match race. Esto resume cuanto aconteció entre los Moonbeam III y Moonbeam IV. Dos barcos y dos tripulaciones que se conocen, y que ya han ofrecido lo mejor en el campo de regatas barcelonés, no en vano el Moonbeam III llegaba con cuatro victorias en su haber, mientras el IV de la saga se impuso en la pasada edición. Un título que no pudo renovar, viendo como su rival le superaba en las tres pruebas disputadas. Pero vendió cara su derrota, pues tanto las salidas como algunas ceñidas fueron escenarios de una intensa batalla, con duros marcajes que tenían una rápida réplica de desmarque. En los rumbos portantes, el espí asimétrico del Moonbeam III y su menor desplazamiento tal vez encontraran mejores condiciones que las del Moonbeam IV, con su gran espí simétrico que no llegó a rendir todo su potencial con estas brisas suaves.

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Hasta la última milla no se decidía el podio de Época Cangreja. Tras las dos primeras pruebas había un doble empate. Con tres puntos llegaban al campo de regatas el Kelpie of Falmouth y el Marigold liderando la provisional, y con 8 puntos lo hacían el Gipsy, el Patna y el Morwenna. En la regata decisiva, no le tembló el pulso a la tripulación del Marigold, sumando otro primer puesto parcial a su casillero que le valía la victoria final, la segunda, y seguida, tras imponerse en la última edición. El Kelpie of Falmouth fue un digno segundo que no se vio inquietado por sus perseguidores. El Morewnna se imponía en la partida a tres bandas firmando un tercer puesto parcial, por un cuarto del Patna, que les suponía idéntico orden en la clasificación final, mientras el Gipsy no finalizaba la prueba y era quinto en la general.

El Época Marconi Amorita repetía la victoria que ya lograra en 2008 no sin cierta dificultad. El camino se le allanaba un poco cuando el siempre favorito Manitou se cargaba con 13 puntos el primer día al no poder finalizar la regata inaugural, aunque luego reaccionaba con un segundo y primer puestos parciales, que le aupaban a la cuarta posición final. El Halloween pasó a ser el rival más sólido del Amorita, iniciando la última prueba con 4 puntos frente a los 3 del líder, que supo controlarle en la manga final para asegurarse la victoria. Tras ellos, el Sonata se clasificó tercero y subió de nuevo al podio de la Puig Vela Clàssica Barcelona.

Tras las dos primeras jornadas, parecía que ambas categorías de Clásicos tendrían idéntico desenlace, pues el Argos en Clásicos 1 y el Alba en Clásicos 2, habían dominado a placer tal como parecía que harían en la tercer y última prueba. Ambos, que antes habían competido entre sí con la única categoría de esta flota, ya habían compartido los máximos honores, el Alba logrado por partida doble y el Argos, en 2009. Mientras el Alba confirmaba los pronósticos, el Argos colisionó con el Yanira en las maniobras de pre salida y fue descalificado. La carga de puntos hizo que el Emeraude heredara la victoria tras una regular serie (3-2-2), secundado en el podio por un Yanira que hacía valer sus mejores puestos parciales para deshacer el empate con el Guia. Igual de ajustado resultó la clasificación en Clásicos 2 tras el Alba, pues tanto el Diana como el Kanavel comenzaban la última jornada empatados a 5 puntos. Controlando el tiempo que el Diana debía compensarle en rating, el Kanavel fue segundo en la prueba decisiva y en el podio. El Melibea acaparó la cuarta posición, en sus parciales y en la tabla final.

Esta edición de la Puig Vela Clàssica Barcelona, sin duda, será recordada de nuevo como una regata competida, disputada e igualada. No en vano el alto nivel técnico y deportivo es uno de los estandartes que exhibe con orgullo la gran cita de la vela clásica española, que cada año organiza el Real Club Náutico Barcelona en el litoral de esta emblemática capital mediterránea.

Entrega de premios

El sábado 18 de julio, y tras la última prueba, tuvo lugar la esperada entrega de premios de la VIII edición de la regata Puig Vela Clàssica Barcelona, que contó con la presencia de Marc Puig, Presidente de Puig, Enrique Corominas, Presidente del Real Club Náutico de Barcelona, Jordi Puig, Vicepresidente del RCNB, Damián Ribas, Comodoro del RCNB y Xavier Torres, Presidente de la Federación Catalana de Vela.

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Durante la clausura del acto, Marc Puig, presidente de Puig, animó a los regatistas a extender la invitación a todos los veleros clásicos internacionales para que se sumen a próximas ediciones de la Puig Vela Clàssica Barcelona.

Asimismo, el premio Enrique Puig por equipos nacionales fue para Italia con los veleros Emeraude y Amorita.

UNA REGATA DE CLÁSICOS SIEMPRE GUARDA GRANDES HISTORIAS
Todos los rumbos llevan a Barcelona
Si algo destaca en la regata Puig Vela Clàssica Barcelona es su sabor cosmopolita. Además de lo evidente –se trata de un espectáculo náutico único– al caminar por los pantalanes o conversar con los regatistas en el Village, se puede apreciar ese aire internacional que enriquece el evento, donde confluyen lenguas, procedencias y ambientes tan diferentes que, sumados, hacen de la regata un hervidero multicultural más allá de lo meramente deportivo..
Así, la VIII Puig Vela Clàssica ha contado con veleros y tripulaciones venidas desde Portofino en Italia (Ella, 1960) o Saint Tropez (Manitou, 1937 y Moonbeam III, 1903), Marsella (Briseis, 1931), Sète (Aitor, 1964), Cannes (Halloween, 1926) o Antibes (Zinita, 1928) en Francia.
Desde Helford –UK– llegó el clásico Patna de 1920 y, a nivel nacional, hicieron lo propio embarcaciones desde Alicante (Argos, 1964), Formentera (Atrevido, 1969) o Mallorca (Sonata, 1937 o Enterprise, 1940).
Pese a las diferencias, si en algo coinciden armadores, patrones y regatistas –sean de la nacionalidad que sean– es en el mimo con el que cuidan a estas verdaderas joyas del mar. Un proceso de restauración y puesta a punto que implica una paciencia casi infinita y un amor por la náutica más pura donde se cuida cada detalle y material utilizado en estos veleros.
Este despliegue conjunto de tradición marinera puede verse en muy pocos lugares del mundo y, mucho menos, en una gran ciudad como es Barcelona. Por todo esto, la Puig Vela Clàssica Barcelona se ha convertido en una de las pruebas más atractivas para los regatistas de todo el mundo que, año tras año, repiten y se suman a estos días de “clásicos” que, desde hace ocho años, Puig y el Real Club Náutico de Barcelona traen en julio a la capital catalana.

Un gaitero a bordo del Moonbeam IV

19784781571_88cc6d62bc_kDurante los días de regata en Barcelona, todo aquel que se encontraba a media mañana o media tarde por el Paseo de Colón o el Moll de la Fusta, se sorprendía al escuchar acordes celtas en plena costa barcelonesa. Esta melodía provenía del centenario Moonbeam IV, que anunciaba sus salidas y llegadas del Real Club Náutico de Barcelona a ritmo de gaita, una tradición de este mítico velero que logró cautivar a muchos. Y es que ver partir o regresar a un barco de estas dimensiones -con toda su tripulación en silencio y pendiente del sonido melancólico de este instrumento escocés – inundaba cada día al RCNB de un aura especial trasladando a los espectadores de este singular y emotivo espectáculo a otra época.

El artífice de esta tradición del Moonbeam IV es Dominic, un escocés marinero amateur y amante de las regatas clásicas que conoció al patrón del barco –de antepasados escoceses– hace ya siete años en Cannes. Junto a una copa y hablando de aficiones musicales, acordaron comenzar este ritual que sirve asimismo como homenaje al arquitecto del velero, el afamado William Fife III, que también era escocés.

Aunque no pertenece a la tripulación fija del Moonbeam IV, cuando viaja en el mismo, Dominic se enfunda su ‘kilt’ para tocar la gaita. Esta indumentaria pertenece a su familia desde 1880 –hace ya 135 años–. En cuanto el barco sale del puerto, Dominic se despoja del ‘kilt’ y se pone la ropa habitual de un marinero, para ayudar a sus compañeros de tripulación hasta que el barco vuelve a puerto y de nuevo comienza tan bonita y curiosa tradición.

Un David contra decenas de Goliats

Dicen que los grandes perfumes vienen en botes pequeños. Esta bien podría ser la definición del Anne Bonny, un maravilloso velero de únicamente 7.53 metros de eslora que se “cuela” entre los grandes clásicos de la Puig Vela Clàssica Barcelona.

El alma de este barco clásico es el constructor naval Niklaus-Matthias Stoll, un suizo afincado en Cataluña que en 1998 compró los planos originales del diseño 809 creado por el reconocido William FIFE III en 1935.

VIII Puig Vela Classica Barcelona - 2015

Una vez adquirido los planos, Niklaus comenzó a construir en su astillero de Palamós esta obra clásica respetando la metodología de los años 30: remaches de bronce y madera africana de caoba . Desde entonces ha construido cuatro réplicas clásicas que preservan el espíritu con el que las creó el gran Fife.

Concretamente el Anne Bonny, en honor a la mítica pirata irlandesa del siglo XVIII, fue botado en 2001 y lleva seis años compitiendo en la regata Puig Vela Clàssica Barcelona.

LA HISTORIA DE LOS GANADORES

BIG BOAT

Moonbeam III, un grande entre los grandes
William Fife se encargó de la construcción de lo que sería el primero de los barcos conocidos como Moonbeam, una serie cuyo diseño y prestaciones iba mejorando el anterior. En 1903 se construye el Moonbeam III, que se desplazará hasta Cannes en 1920 para afincarse en este puerto. Tras pasar por varios propietarios, en 1989 fue vendido en una de las subastas Sotheby’s y en el año 2000 lo adquirió su actual propietario, Didier Waetcher, quien celebró por todo lo alto el centenario del barco en 2003.
Erwan Noblet, patrón del Moonbeam III ya mostró su satisfacción por hacerse con el triunfo de la pasada edición de esta regata lo que suponía para el barco “un incremento en su reputación y en su valor real, ya que habían demostrado que todavía seguía vivo y que podía ganar una competición”. Algo que en la IV edición ha quedado más patente que nunca con la confirmación de su victoria en la categoría de Big Boats.

ÉPOCA CANGREJA

Marigold, pura elegancia
Marigold es un cutter de época cangreja magníficamente restaurado y mantenido. Fue una de los primeros diseños deCharles Nicholson botado en 1892 en el astillero de Camper y Nicholson en Gosport. El velero cuenta con unos acabados de auténtico estilo victoriano como su salón panelado de caoba y su mesa central con asientos de piel.

Construido en primera instancia como un velero de regatas, el Marigold también puede acomodar unos 12 invitados a bordo y tres miembros de tripulación. Esta embarcación atrae la atención allí donde va y ha sido premiado en el “Concours D’Elegance” el guardón más preciado de la elegancia.

 

CLÁSICOS 1

Emeraude, un corintio con clase
El espectacular Emeraude es un corredor oceánico de primera clase IOR. Fue construido por un propietario francés y formó parte del equipo galo de la copa Admiral de 1977 y en la copa de Cerdeña en 1980. Desde 1997 está en manos de su actual propietario y capitán y su tripulación es íntegramente corintia.

VIII Puig Vela Classica Barcelona - 2015

ÉPOCA MARCONI

Amorita, un ganador de 32 pies
El Amorita, construido en madera de pino de Oregón, roble y teca, pertenece a la clase One Design ClassCalifornia 32. El nombre de esta clase se deriva de la eslora en flotación, 32 pies (9,75 metros). Al igual que los otros barcos de esta clase, Amorita se construyó sobre un molde invertido (la primera vez que se utilizó esta técnica en California). Estos cascos obtuvieron posiciones muy respetables en las regatas oceánicas del Pacífico. En 1959 y 1960 Amorita ganó la californiana Lipton Cup. Adquirida en buen estado, en 2005 por Claudio Mealli, ex dirigente de Latium, en San Francisco, fue restaurada en los astilleros de Porto Santo Stefano Argentario, en la Toscana, manteniendo el mástil de picea (tipo de abeto) original de 1937.

 

CLÁSICOS 2

Alba, una pieza única
El Alba es un barco de pura vela para disfrutar de los dulces días de viento, algo que probablemente animó a su primer armador, un americano, a bautizarlo con el nombre de Honey. Aún siendo tan especial, el Alba no ha pertenecido ni a magnates, ni a políticos ni a estrellas de Hollywood.

Botado en 1956, el Alba es un yawl diseñado por Phillip Rhodes en su estudio de Nueva York. Allí, se iniciaron los trabajos, siendo trasladado con carguero a Alemania para continuar su costrucción en Abeking & Rasmussen, prestigiosos astilleros que durante los años de postguerra eran frecuentados por los americanos, cuando surgió la moda de los barcos de regata de tamaño medio.

El Alba es uno de los pocos barcos clásicos que conservan las piezas de origen. Los herrajes, grilletes, winches… todos ellos de bronce, se han conservado y en caso de rotura se han repuesto con piezas originales.

Podrás encontrar vídeos de la regata en: http://www.puigvelaclassica.com/new-videos/

 

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