- El gran espíritu de deportividad y camaradería que caracteriza a esta regata ha reinado, con grupos de tripulantes aliviando el calor con chapuzones en el mar.
- El pronóstico para las próximas jornadas es que el viento se levantará y permitirá la realización de las pruebas con normalidad.
- Hallowe’en y Bon Temps celebran 100 años y lo hacen navegando en la Puig Vela Clàssica Barcelona.
Hoy Barcelona y más concretamente el RCNB ha dado el pistoletazo de salida a la XIX Edición PuIg Vela Clàssica, reuniendo en la primera jornada de competición a los más de 400 regatistas que participan en esta edición.
Sin embargo, las condiciones climáticas poco favorables han impedido que los 45 barcos participantes hayan podido iniciar esta primera prueba. Esta situación añade más ermocion si cabe a los futuros duelos que se desarrollarán en las próximas dos jornadas, de la que es la regata de clásicos por excelencia.
Puntualmente, a las 13 horas, hora prevista para comenzar el procedimiento de salidas, el comité de regatas del Real Club Náutico de Barcelona izó la bandera de aplazamiento por la falta de viento. En ese momento apenas soplaban dos nudos de intensidad, aumentando la sensación de calor en la cubierta de los barcos. Con buen humor, algunos tripulantes se refrescaron zambulléndose en el mar y buscando la sombra de los toldos improvisados para cubrir las cubiertas.

El viento fue aumentando tímidamente, y al filo de las 15 horas parecía que se establecía un Garbí (Suroeste) que rozaba ya los cinco nudos de intensidad. A bordo de los barcos empezó el movimiento, izando velas y comenzando a tomar el pulso al campo de regatas, maniobrando en distintos rumbos para optimizar la puesta a punto pensando en el posible inicio de la regata. Pero por más que lo intentó, Eolo no pudo vencer el efecto del tremendo calor, que en altura impedía la formación de una corriente de aire que acelerase el viento.Tal que así, a las 15:55 horas el comité de regatas decidió acertadamente suspender la jornada y enviar a la flota de regreso al náutico de Barcelona.
Mañana, la salida está prevista a las 13:00h y todo apunta a que la temperatura descenderá levemente, lo que permitirá que se levante al menos esa pizca más de viento que asegure un mínimo de seis nudos para que las categorías participantes —Big Boats, Época Bermudiana y Época Cangreja, y las diversas categorías de Clásicos— puedan competir en buenas condiciones.

Hallowe’en: El aristócrata que ganó la Fastnet y fue timoneado por un futuro rey
Hallowe’en es una de las grandes leyendas de la vela clásica internacional y celebra este año un hito excepcional: cien años de navegación. Botado en 1926, ya desde el primer momento demostró unas prestaciones extraordinarias. En su año de estreno ganó la Fastnet Race, una de las pruebas oceánicas más prestigiosas del mundo, cruzando la línea de meta con cerca de diez horas de ventaja sobre su inmediato perseguidor y estableciendo un récord que permanecería vigente durante más de una década. La “joya perfecta” de William Fife llegó incluso a navegar en Noruega bajo el mando del príncipe Olaf, futuro rey de Noruega.

u relación con la Puig Vela Clàssica ha sido especialmente exitosa. Consiguiendo podio en ocho ocasiones y alzándose con la victoria en 2018 y en 2022 donde se proclamó vencedor absoluto de la categoría Big Boat. En 2025 volvió a subir al podio al calificar en segunda posición en Big Boat, únicamente superado por el Mariska. Por todo esto, no resulta difícil entender que su tripulación haya elegido celebrar el centenario del barco en el escenario privilegiado que ofrece esta regata.
Bon Temps (1926-2026) El hijo pródigo, de regreso cien años después
Bon Temps representa una de las historias más emotivas de toda la flota clásica europea. Construido en Mallorca en 1926 por el reconocido maestro Pere Nicolau Mandilego, este ketch de madera fue encargado por el bisabuelo del actual armador, Santiago Godó. Sin embargo, durante décadas el barco permaneció alejado de la familia. El padre de Santiago Godó llegó a localizarlo en Santander e intentó recuperarlo sin éxito, pero nunca abandonó la esperanza. Incluso mantuvo durante años un amarre libre esperando el regreso de la embarcación. Tiempo después, Santiago Godó descubrió que Bon Temps estaba de nuevo a la venta y consiguió recuperar el velero para devolverlo a la familia que lo había encargado cien años antes.

El reencuentro fue especialmente emocionante. Según relató el propio armador, su padre llevaba más de cincuenta años esperando volver a ver el barco. Cuando finalmente llegó al puerto, lo observó desde casa entre lágrimas, se puso su antigua gorra de capitán y volvió a navegar a bordo acompañado por amigos de juventud. Desde entonces, Bon Temps se ha convertido en un elemento de unión para toda la familia y en un proyecto de recuperación patrimonial desarrollado con enorme dedicación. Ahora, en el año de su centésimo cumpleaños, el Bon Temps tratará de celebrar con una victoria en su categoría.